sábado, 1 de agosto de 2009

¡Mierda!

-¡Mierda!- Gritó un hombre en la esquina de la séptima con 22. Todos lo miraron, y de ahí en más el caos. No hubo jinetes, ni sellos, ni todas esas cosas -¿para qué jinetes?- siempre me lo había preguntado. Voló mierda al zarzo, mucho lodo y poca sangre… ah, y también cayeron ángeles, pero en medio del despelote pasaron inadvertidos. Se miraron los unos a los otros sin encontrar explicaciones, hubo abrazos, hubo fuego, hubo onomatopeyas aquí y allá, pum y zas, bam y crash, algunos elevaron plegarias a gritos, otros las susurraron, pero la mayoría, simplemente desapareció.