Desperté mirando hacia los cerros, andé... entendí que el reloj ya no importaba, simplemente andé... no caminé entre las sombras, eso sería un cliché, la mañana no estaba tan mala, no tan gris ni tan fría como siempre.
Estaba seguro de haber perdido la fascinación, pase una mañana normal, hablando, entretenido, pero entendiendo por dentro que nada parecía sorprenderme o gustarme, llevaba un tiempo siendo así. De vuelta dormía en el bus, y algo como una premonición, algo extraño pero fuerte me despertó, tan solo miré por la ventana y la ví... agité la mano, saludé y sonreí... tiempo sin verle.
jueves, 29 de enero de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentario:
Me pasa que cuando voy (o vuelvo, todavia no lo sé) y agito la mano por la ventana (desde dentro o fuera) se me suben como miles de hormigas desde los pies al corazón. Sensación hermosa!
Publicar un comentario